3 datos sobre la Hepatitis

Se estima que, en todo el mundo, 325 millones de personas sufren hepatitis B y/o C, y para la mayoría de ellas las pruebas y el tratamiento siguen siendo inaccesibles.

 

¿Qué es la hepatitis?

 

La hepatitis es una inflamación del hígado que puede causar una serie de problemas de salud y puede ser mortal. Las cinco cepas principales del virus de la hepatitis son las de los tipos A, B, C, D, y E. Si bien todas causan inflamación del hígado, se diferencian en aspectos importantes, sobre todo en los modos de transmisión, la gravedad de la enfermedad, la distribución geográfica y los métodos de prevención.

 

Síntomas de la hepatitis

 

Muchas personas con hepatitis (de cualquier tipo) tienen síntomas leves o ningún síntoma en absoluto. Sin embargo, cada forma del virus puede causar síntomas más graves. Los síntomas de las hepatitis A, B y C pueden incluir:

  • Fiebre
  • Malestar
  • Pérdida del apetito
  • Diarrea
  • Náuseas
  • Malestar abdominal
  • Orina oscura
  • Ictericia (coloración amarillenta de la piel y la esclerótica ocular)

 

En algunos casos, el virus también puede causar una infección crónica del hígado que puede evolucionar hacia una cirrosis (cicatrices permanentes en el hígado) o cáncer de hígado. Estos pacientes corren riesgo de muerte.

 

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La hepatitis D solo se desarrolla en personas infectadas previamente con el tipo B; aunque, la infección doble con los tipos B y D puede desarrollar una forma más grave y dar lugar a peores resultados sanitarios, entre ellos una evolución más rápida de la cirrosis. 

 

La hepatitis E comienza con fiebre leve, disminución del apetito, náuseas y vómitos durante varios días. Algunas personas también pueden sufrir dolor abdominal, escozor (sin lesiones cutáneas), erupción en la piel o dolor articular. También pueden experimentar ictericia, orina oscura y heces pálidas, así como un hígado levemente agrandado y blando (hepatomegalia) y, en ocasiones, insuficiencia hepática aguda.

 

Tratamiento

 

La mayor parte de las infecciones con el virus de la hepatitis A son leves, y la mayoría de las personas se recuperan plenamente y desarrollan inmunidad contra futuras infecciones.

 

Existen vacunas seguras disponibles para prevenir la infección con el virus de la hepatitis B. Esas vacunas también previenen el desarrollo de la hepatitis D y, al aplicarla al momento del parto, reduce enormemente el riesgo de transmisión de la madre al niño. La infección crónica de tipo B se puede tratar con agentes antivirales. 

 

No hay tratamientos específicos para los tipos B y E, que por lo general no suelen requerir hospitalización. Se recomienda evitar medicamentos innecesarios debido a los efectos negativos sobre la función hepática provocados por esos medicamentos.

 

Actualmente no hay vacunas para la hepatitis C, aunque los medicamentos antivirales pueden curar más del 95% de los casos de este tipo de hepatitis, con lo que se reduce el riesgo de defunción por cirrosis y cáncer del hígado.

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